
El agua, el bien más preciado, es un elemento básico para la vida. La comarca se humanizó cuando sus pobladores, especialmente los musulmanes, supieron captar y conducir las aguas que fluyen del deshielo y los manantiales para poder habitar y cultivar un territorio hasta entonces inhóspito.
En la Alpujarra-Valle de Lecrín puede contemplarse el agua en su entorno natural en los ríos, arroyos y manantiales, muchos de ellos con propiedades saludables y curativas, que se encuentran por toda la comarca. En primavera, las aguas del deshielo de las cumbres de Sierra Nevada descienden por arroyos, ríos y barrancos, bañando y llenando de vida los paisajes alpujarreños. Los musulmanes supieron canalizarlas a través de la red de acequias que aún perdura en poblaciones como Los Guájares, las cuales se remontan a la época almohade.
Antiguos molinos, albercas, aljibes y acequias de origen musulmán salpican la Alpujarra-Valle de Lecrín, al igual que las fuentes y pilares de las que mana el agua sin cesar. El Balneario de Lanjarón, de aguas con cualidades minero-medicinales, es una muestra más del aprovechamiento de los manantiales alpujarreños.